| |
Carta a mi hijo
En estos días no he podido dormir. Se apodera de mí la tristeza y la impotencia; el sentido de culpa me estrangula hasta casi sentirme sin aliento. El pecho lo siento hinchado, ya casi no cabe dentro de mí. No tengo fuerzas para mantenerme de pie. Mis ojos se llenan de lágrimas por sólo pensar en ti. Cómo llegar a ti. Cómo decirte las cosas que siento. Cómo decirte que me arrepiento cada instante de haberte dejado solo en esa actividad. Cuántas preguntas vienen a mi mente, cuántos reproches. ¿Por qué te hice caso? ¿Por qué te dejé? ¿Por qué no anticipé lo que te podría pasar? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Durante todos estos años te he visto como un niño normal y he querido que sea así pues nunca podré negarte ninguna oportunidad y he querido que seas tú y solo tú el único que decida lo que necesitas. Todos estos años se han venido abajo desde que te dejé solo y me necesitabas, desde que te dejé solo y no tuviste mi apoyo, desde que te dejé solo y no tuviste mi abrazo, desde que te dejé solo y solo te levantaste. Y desde ese momento no he parado de preguntarme si lo que he hecho ha sido lo mejor. ¿Y si tú necesitabas algo diferente? A lo mejor necesitabas que te viera. Que te viera lento, que te viera fatigado, que te viera abrazando el pasamano para poder subir cada escalón, que viera tu cansancio, que viera tu falta de aliento al llegar a casa y que viera tu caminar lento y pausado. ¿Y si en lugar de tener una madre que fuera fuerte y te hiciera un niño fuerte necesitabas una madre que te reconociera tal y como eres, una madre que llamara las cosas por su nombre y te viera como un niño con unas necesidades reales?
Trato de contestarme cada una de estas preguntas y no logro dar con una respuesta diferente y es que no me imagino criándote diferente a como lo he hecho. Se me hace difícil verte diferente, te veo normal porque para mí lo tienes todo, porque eres un luchador, porque eres fuerte, porque eres un líder, porque eres valiente y porque para mí vuelas y volarás siempre.
Ahora cumples tus 12 años, te estás convirtiendo en un hombrecito y te amo mucho más ahora que hace un instante atrás. Ya muestras mucha madurez y tienes una personalidad bastante definida, que me encanta. Eres firme y a la vez sensible, eres fuerte y a la vez amoroso, eres encantadoramente genuino y a la vez un poco miedoso, eres buen amigo, hermano y el mejor hijo mayor del mundo. De ahora en adelante serás tú quien decidirá cómo quieres que te vea, eres tú el que vas a decidir qué haremos y cómo lo haremos, ya no tomaré más decisiones por ti, ya no asumiré lo que te hace feliz, ya no asumiré que estas bien, ya no asumiré que eres feliz. Te dejaré a ti decidir, te dejaré crecer y te observaré, y cuando me necesites, aquí siempre estaré.
Te amo, Mami. |
|